Lo lejano hace señas a lo lejano | Diego Pérez

El presente título refiere a una acción, a un acto recíproco y simultáneo entre iguales. Dicho intercambio, que ahora sucede es, más allá de cualquier interpretación posterior, una certeza. El proyecto que Diego Pérez (Ciudad de México, 1975) ha concebido ex profeso para este espacio pone en marcha una serie de dispositivos encaminados a diseccionar, atomizar y volver a congregar dicha evidencia ontológica.

El punto de partida reside en un objeto básico, en una construcción elemental  de uso cotidiano situada en la frontera de lo primitivo y lo civilizado: la mesa. Esa superficie lisa, ese lugar de trabajo, de negociación, de convivencia, etc. Y es precisamente eso, el carácter utilitario del artefacto lo que Pérez cancela de tajo. Al hacerlo y conservar la esencia de su estructura habitual (tablas y pies) descubre un apto y fértil territorio para la experimentación escultórica. Libre de pedestal, la obra es un continuo, una sustancia flexible que se contorsiona y expande a su antojo mientras se mofa de la gravedad. En paralelo, la mesa deviene cuerpo escultórico, parte indivisible de un mismo accidente.

A caballo entre la arquitectura y el arte, entre el plano pictórico y el objeto escultórico el proyecto entabla sugerentes vínculos con distintas corrientes geométrico constructivas del modernismo, con algunos movimientos contemporáneos que heredan y trastocan las aspiraciones constructivistas como el neo concretismo brasileño  y con la escuela brutalista que los urbanistas y arquitectos Alison y Peter Smithson desarrollaron en Gran Bretaña a partir de la década de los cincuenta del siglo XX.

Por otro lado, el proyecto en cuestión establece claras conexiones con la noción de espacio público y con la presencia de esculturas o monumentos aplazados en  el mismo. En este sentido percibo que Lo lejano hace señas a lo lejano produce un eco, un espejeo con el polémico y por muchos detestado Apollo Pavilion que Víctor Pasmore diseñó para el poblado de Peterlee (Noreste de Inglaterra) en 1969. Ambos trabajos han sido producidos en concreto, fraguados In situ por albañiles e inspirados en un deseo por revisitar los lenguajes constructivistas de las Vanguardias Históricas. No obstante, sus similitudes formales contrastan con los sentimientos de época que los inspiraron. La obra de Pasmore fue titulada de tal manera debido a la esperanza, optimismo y espíritu aventurero que despertaron en la sociedad los exitosos resultados del programa espacial norteamericano. Aunado a ello, el pabellón encarna uno de los últimos intentos modernistas por alcanzar la anhelada síntesis entre arte, arquitectura y urbanismo. En tanto, el trabajo de Diego Pérez y su positiva ambigüedad– entreteje una reflexión crítica en torno a la angustiante situación política, económica y social que vive el país y, por otro lado, genera una contradicción emocional entre la extraña belleza del concreto y sus múltiples huellas, tonalidades y cartografías con una sensación nostálgica y paradójica; un sentimiento encontrado entre el construir y su inherente destrucción entre el acto de erigir y la decadencia, entre lo absurdo y la certeza de lo absurdo. Como diría Albert Camus: “Antes de encontrarse con lo absurdo el hombre cotidiano vive con metas, con un afán de futuro o de justificación… después de lo absurdo todo se derrumba”.

El siguiente poema sintetiza y expresa con mayor claridad lo hasta ahora mencionado

nuevo. fresco. reciente. moderno.
todo es nuevo
todo es fresco
todo es reciente
nada es moderno.

                         Robert Filliou

Víctor Palacios
Curaduría MAM


Créditos
Artista: Diego Pérez
Curaduría: Vïctor Palacios
Diseño museográfico: Rodrigo Luna
Diseño gráfico: Vladimir Zambrano 

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